CORRE por TI

Translate

lunes, 15 de abril de 2019

No estás sólo

Cada mañana, desde hace ya mucho, hago la misma rutina. Incluso he olvidado a veces lo que hacía antes. Lo veo como algo lejano, algo que llenó las páginas de mi vida durante 2 décadas. Las zapatillas de competir siguen estando en el mismo sitio donde hace un año las dejé. Exactamente en el mismo sitio. No las he movido, ni siquiera me he atrevido a sacarlas de la bolsa donde un voluntario las guardó hace más de un año cuando me rompí el Aquiles a tres vueltas de aquella final de 3000ml del Europeo master en Madrid. De hecho, el dorsal no lo he quitado aún del body con el que salí a pista. Ahí sigue.. 13 meses exactamente. Con ese body gané 3 títulos de campeón de Europa M35, y volveré a lucirlo, me lo he prometido.

Llevo 13 meses sin correr. 13 meses...se dicen pronto. El otro día me reía leyendo un post de un atleta veterano que decía que le tocaba parar por no hacer caso a su cuerpo, y que una lesión le obligaba a parar. Me reía, porque a las 3 semanas hacía MMP en su categoría.  Cerré el twitter.. pensé "este no sabe lo que es estar lesionado". Incluso a un a buen amigo el otro día le tuve que recordar lo que es estar parado de verdad. Se quejaba porque un fuerte constipado le había dejado Ko 2 semanas... dos semanas... Yo llevo 53.

Durante este tiempo he sufrido mucho, no os lo voy a negar. Mucho. Desde días de lágrimas...desesperado porque ese dolor nunca desaparecía, porque cada tratamiento no funcionaba. hasta días y semanas en las que simplemente pensaba en otras cosas, intentado distraerme en otros hobbies. Pero la verdad, es que es difícil cuando el atletismo ha sido y es el motor de mi existencia. Irme a un risco en la montaña, sentarme mirando el horizonte y preguntarme por qué tanto tiempo cuando siempre hice lo correcto, cuando siempre me he cuidado, y fui midiendo los sobre esfuerzos innecesarios.  Nunca he hallado la respuesta. Simplemente pasó. Como bien dice mi amigo David López Capapé, "a veces pasa, un tropiezo,una caida fortuita que no pudiste evitar. No hay que lamentarse. La vida sigue. Las oportunidades volverán, si queremos. Para recordarnos que no todo está bajo nuestro control, ni puede estarlo. La vida es mucho más grande todo eso."

El otro día me escribieron por privado varias personas. La verdad es que a algunos no les conozco, pero hubo un mensaje que me llegó. Daniel Hernández me escribía la historia de su vida como corredor, de cómo tuvo que dejarlo...y años después intenta volver a competir como master aunque las lesiones le están matando. En su escrito una frase: "gracias a ti y tu vivencia y tus consejos, sigo y no me rindo". Joder, yo, que estoy en el agujero y recibo esto. "Cómo te vas a rendir macho...con la cantidad de gente que te sigue..." - pensé. No hay día que piense en tan sólo unos segundos, sentado en ese banco del gimnasio de mi barrio mientras me cambio, que no quiero sufrir más, y al momento, como si fuera autoreflejo, piense en que de esta saldré. Reconozco que saco las fuerzas de no sé dónde. Me calzo mis mallas y me siento en la bicicleta. Me pongo el gorro y la piscina. Horas y horas, días y semanas, pensando en cómo será mi regreso a una pista de atletismo.

En mi habitación hay un mural. La he cambiado de sitio, ahora cuando me despierto lo primero que veo son las fotos de mis campeonatos para obligarme a recordarme lo que un día fui, y lo que soy. "No estoy solo", susurro. Y entonces me pongo en pie. "un día más". Y ahi comienza todo. Sesiones de fisioterapia, horas en el agua, sesiones de rodillo aburridas, trabajo con pesas interminables. "todo tiene su sentido". Atravieso un desierto, lleno de dunas sin más compañía que mi soledad, y buscando mi particular oasis. En realidad no he dejado nunca de perseguirlo, incluso en los días más grises y oscuros (que los he tenido), cuando todo era de color negro y ni siquiera tenía ganas de salir de la cama. Incluso en esos días, agónicos por lo que nunca más pasaré porque me lo he prometido, nunca dejé de creer en mi. Los meses en solitario me han enseñado cosas. Esta ha sido y es la lesión más larga y dolorosa que he pasado jamás. Tuve que apartarme de muchas cosas que me hacían daño, los "no volverás a ser el de antes" tuve que apartarlos. Personas que te recuerdan que "esto se ha terminado y ahora tendrás que tomártelo de otra manera", que están ahí y que no hacen más que ensuciarte tus gafas para no dejarte ver el objetivo, tu objetivo. Al final, me he dado cuenta que en realidad sí tuve un compañero de viaje: mi voluntad. Con él he sido capaz de salir de aquella cama que me atrapaba y no me dejaba salir de casa. Mi voluntad, la misma que nunca me permitió bajar los brazos...incluso en los momentos más duros. Y mis buenos amigos, aquellos que pese a todo, llamaron a mi teléfono para decirme "Vamos". Una palabra que es capaz de removerme por dentro hasta lo más profundo. En realidad, nunca estás solo. Cuántas lágrimas derramadas. Gracias Raúl Aragón por dedicarme aquella noche en la que lloraba desconsolado como un niño.

Creo estar en la parte final de mi lesión, y veo todo con más claridad. Los nubarrones de antaño comienzan a disiparse, levanto la mirada y me pongo en pie: "no podrás conmigo". Antes de ayer saqué del cajón aquellas zapatillas. "Cuánto tiempo, pequeñas. Me habéis echado de menos tanto como yo a vosotras". Mantengo una conversación interior con mis zapatillas. Con esas zapatillas gané mi último Europeo master y con ellas hice los mejores entrenos de mi vida. Lo echo mucho de menos, pero ya falta menos: estoy loco por correr. Lo he pasado muy mal.

Hoy escribo estas palabras después de haber hecho  40 sesiones de entrenamiento en los últimos 20 días. "para qué haces eso Rober?" me preguntaban hoy.  Desde la operación me he propuesto un objetivo, no me importa cómo, cuándo o dónde. Me he propuesto volver, y sé que lo voy a conseguir. A mis 41 años no quiero que mi final sea este. Amo correr por encima de todas las cosas. Y para ello cuanto con un aliado, el mejor de ellos, MI VOLUNTAD. Sigo sin poder correr, y los días pasan. Pero comienzo a ver a lo lejos, una señal de mi pequeño oasis. El gris ha empezado a tornarse de color azul. En cada subida con peso en la santadilla, en cada brazada en la piscina, en cada pedaleada en el rodillo, nunca estás sólo. Tú y tu voluntad. El destino lo escribes tú. A lo lejos hay una pista que me está esperando y no quiero volver a ver todo de color de negro. Ahora sé que lo lograré.



1 comentario:

  1. Así es, no hay mas que la voluntad, y tú la tienes, ánimo y a continuar!!!

    ResponderEliminar